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 ANÁLISIS - Benilde Vázquez

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En todo caso, el cuidado y la construcción del cuerpo consume mucho tiempo y energías de las mujeres y se presenta como un trabajo más a añadir a los que ya tenía. Las mujeres que hacen deporte citan como motivos el mejorar la figura y la salud con mayor frecuencia que los hombres, que suelen citar más la diversión y estar con los amigos. Esto confirma el carácter ascético de muchas de las prácticas físicas de las mujeres.

Pues bien, ¿cómo podría contribuir la educación física y el deporte a la resolución de estos conflictos? ¿Conocen las mujeres las técnicas corporales adecuadas para aumentar su bienestar? ¿Saben gestionar su propia actividad física o se dejan manipular por las industrias del cuerpo? En España el gasto en productos de belleza e higiene en 1998 alcanzó los 700.000 millones de pesetas (EL PAÍS, 6-8‑2000). Creo, como veremos en el trabajo de María José Camacho [Comunicación en el mismo Congreso Mujer y Deporte de Bilbao], que la práctica de actividades físico‑deportivas puede disminuir el grado de insatisfacción corporal, así como aumentar las percepciones positivas sobre el propio cuerpo. En este sentido puede abrirse una nueva dimensión para las prácticas físicas, sobre todo desde los niveles educativos.

En un estudio que hicimos sobre "La experiencia del deporte en mujeres jóvenes de algunos países europeos (Fasting, K. y otras, 2000), encontramos que las mujeres deportistas vivían su cuerpo de una manera más personal y les obsesionaban menos los estereotipos dominantes.

IV. CON LOS PIES EN EL SUELO: LO QUE QUEDA PENDIENTE

Es indudable que los cambios que se han operado y la propia lucha por la igualdad han sensibilizado a la sociedad hacia los problemas de las mujeres. Sus reivindicaciones ya no se interpretan tanto en términos de lucha sino que se admiten como normales situaciones hasta hace poco rechazadas para el sexo femenino, y, por referirme a nuestro campo, nadie se sorprende por ver a mujeres practicando cualquier disciplina deportiva.

La representación de la mujer en el deporte español a comienzos del siglo XXI arroja los siguientes datos:

  • Deporte recreativo. (Consejo Superior de Deportes, 2000).
    • 27,0% de mujeres y 46,0% de hombres.
  • Deporte de juventud. (Elzo, J. y col., 2000):
    • 58,8% de mujeres y 81% de hombres.
  • Deporte universitario. (París, F., 1999)
    • 25% de mujeres y 75% de hombres.
  • Deporte escolar. (Consejo Superior de Deportes, 1998).
    • 30% de mujeres y 70% de hombres.
  • Licencias deportivas. (Consejo Superior de Deportes, 2000).
    • 25,8% de mujeres y 74,2% de hombres.
  • Deporte de Alta Competición (Participación en Sydney, 2000)
    • 28% de mujeres y 72% de hombres.

Como se puede ver, todavía es desigual la inserción de hombres y mujeres en el mundo deportivo. Si nos referimos al deporte recreativo, hay un estancamiento en relación a los datos anteriores, pero la diferencia entre hombres y mujeres persiste. Hay que destacar además que el hecho de que las mujeres hayan aumentado su nivel educativo y dispongan de más recursos e incluso con índices de natalidad muy bajos, no se ha traducido en una mayor práctica deportiva como era de esperar.

¿Han llegado las mujeres al llamado "techo de cristal" también en el deporte? ¿Cuáles son los sutiles mecanismos de discriminación y qué obstáculos persisten?

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