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Temas sobre Mujer y Deporte tratados en profundidad.

La Discriminación positiva, un puente de paso para la igualdad entre hombres y mujeres


MARÍA ANTONIA SUÁREZ

La igualdad entre mujeres y hombres, por mucho que sea una exigencia de la razón humana, no es un hecho ni siquiera en las sociedades que proclaman ideales democráticos. Es preciso emprender acciones para inducir los cambios de índole psicológico, sociológico e institucional que permitirán que las dos partes que componen la humanidad se sientan iguales y se reconozcan como tales (informe del Consejo de Europa de 1982).

¿Qué es la discriminación positiva?

Discriminar significa diferenciar, distinguir, separar una cosa de otra. La discriminación es una situación en la que una persona o grupo es tratada de forma desfavorable a causa de prejuicios. Así pues, la discriminación positiva intenta precisamente corregir ese estado de desigualdad favoreciendo a la persona o colectivo que se encuentra discriminado. La forma de conseguir la Igualdad de Oportunidades, cuando de hombres y mujeres hablamos, necesita del desarrollo de medidas de acción positiva que vayan encaminadas a suprimir los obstáculos que se levantan contra la participación igualitaria de hombres y mujeres, de cualquier origen y condición social, en todas las esferas de la vida pública y en todos los países del mundo.

¿Constituye la discriminación positiva una actuación de desigualdad para los hombres?

Partiendo del principio de Igualdad de Oportunidades todas las personas deben tener las mismas oportunidades para acceder al mercado laboral, y no se debe ser objeto de discriminación por razón de sexo, raza, edad o creencias religiosas la respuesta a esa pregunta es obviamente negativa. Si existiese igualdad en el punto de partida, entonces habría que admitir que la discriminación positiva no tendría razón de ser y en el caso de que se llevara a cabo sería pura y llanamente discriminación; pero este no es el caso cuando hablamos de las oportunidades existentes hoy en día para hombres y mujeres. Al contrario, cuando esa discriminación se realiza en aras de corregir una situación de desigualdad de hecho como puede ser la existente entre el género masculino y el femenino, esa promoción a favor del sexo desfavorecido no perjudica de ninguna forma al colectivo masculino porque, él, no está infrarrepresentado en la sociedad.

Estamos, pues, hablando de unas actuaciones temporales que desaparecerían en el momento en que se alcanzasen los resultados de igualdad propuestos. Las medidas de acción positiva parten del reconocimiento de la existencia de modelos y de prácticas de discriminación, desventaja y exclusión social, y de la necesidad de un cambio de mentalidad.

La discriminación positiva procura deliberadamente la promoción de los miembros de un grupo discriminado, como es el caso de las mujeres, sin perjudicar a terceros ni despreciar la apropiada cualificación de las personas. Es decir, las políticas de acción positiva no significan elegir a mujeres desmereciendo por ejemplo a hombres más cualificados como sí se ha hecho y se sigue haciendo actualmente en perjuicio de las mujeres sino que, por ejemplo, entre dos candidatos de sexo opuesto con la misma cualificación, dar la oportunidad a la persona menos representada en la actividad. No es ninguna falacia el hecho de que, tradicionalmente, el hombre por el mero hecho de serlo tiene inclinada la balanza a su favor. Por ese motivo, las medidas de acción positiva buscan una igualdad de oportunidades compensada, porque intentan compensar ese plus que la sociedad ha reconocido siempre a los varones.

Por otro lado, algunos pueden preguntarse: ¿Por qué sí a las cuotas respecto a las mujeres y no de otros grupos? No hay ningún favoritismo hacia las mujeres como colectivo por una sencilla razón: las mujeres no constituyen una minoría, al contrario: representan la mitad de la población y en muchos países más de la mitad. En esta línea, la Organización de Naciones Unidas (O.N.U) denuncia que ningún país del mundo trata igual a mujeres y a hombres. Así pues, las mujeres ocupan el 40% de los puestos laborales pero únicamente el 20% de los puestos de responsabilidad. Y un porcentaje muy inferior aún en el entorno del Deporte. Precisamente ése es el propósito de la discriminación positiva  hacia las mujeres: romper ese invisible techo de cristal que impide llegar a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. El techo de cristal es una barrera real pero oculta que origina una segregación horizontal, división de trabajos específicos para mujeres y hombres, y una segregación vertical, sueldos y jerarquías desiguales entre sexos. Centrándonos en nuestro país, las mujeres sufren una tasa de paro del 19,76 % frente al 9,47% de los hombres.

Concluimos pues que hay ciertas discriminaciones, como la positiva, que sí son razonables siempre que cumplan unos requisitos necesarios. Esos principios que debe seguir toda actuación de discriminación positiva han sido establecidos por el Tribunal Constitucional y son los siguientes:

  • Principio de motivación: debe existir una situación real y demostrada de discriminación del colectivo destinatario de la medida.
  • Principio de proporcionalidad: que sea suficiente y adecuada para la consecución  de la igualdad de hecho.
  • Principio de temporalidad: las medidas de acción positiva para ser compatibles con el principio de igualdad de trato, deberán de existir solo hasta el momento en que se alcance la igualdad de hecho, y una vez cumplido el objetivo desaparecerán.

María Antonia Suárez, Concejala Delegada del Área de Promoción de la Igualdad y Empleo del Ayuntamiento de Madrid

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